Como tablero
de ajedrez viejo, de
madera roja.
Departamentos,
cubículos donde la
gente transforma
microcosmos. Con
olor a cebolla y
llanto de bebés.
Espacios mutan,
metamorfos habitan,
sin saber qué son:
reflejo de un
espejo quebrado y
veteado, sucio.
Superficie que
cambia como también quien
se para allí hoy.
Sin saberlo, sin
reconocerlo, hasta
que cumple años.
O hasta que las
canas florecen, o las
ganas se mueren.
O el hígado
se queja de la misma
ginebra de ayer.
O hasta que el
viejo de al lado larga
olor (ha muerto).
Y su puerta la
derriban, y otro día
comienza. Otro.
Ricardo Baviera
No hay comentarios:
Publicar un comentario