sábado, 9 de agosto de 2014

Seis minutos

Los gritos del pasillo,
del nene llorando,
retumbaron en todo el edificio.

Seis minutos, te pido,
sólo poder dormir,
seis buenos minutos.

Suben en el ascensor
y la voz espanta
todo el espacio.

Cuando el silencio
al fin,
me permite cerrar los ojos,

y el dolor de muelas aminora,
en esta mañana de sábado,
el portero se reencuentra con la lustradora.

Máquina de viejo motor,
estridente,
que no se usa (hasta hoy).

Cuatro minutos,
sólo le pido al karma, fuera de toda moral,
tres buenos minutos.

Ricardo Baviera

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