Cuando era chico
y jugaba a las bolitas
en el patio de mi escuela,
hacía un agujero grande y
mis amigos me decían
que frenara,
que iba a terminar en China.
Siempre me intrigó la posibilidad de
cruzar
a ese otro lado de la esfera,
desconocido
misterioso.
¿Qué comerían? ¿Cómo se vestirían?
Sobre todo
cómo rien, cómo lloran.
Algún día de estos
voy a desenterrar profundidades
y en ese agujero
voy a entrar
para conocer un poco más
en realidad,
para conocerme un poco más.
Con los años la visión se volvió
un poco más desencantada y sincera,
sabiendo
que no todo es bueno.
Luego del amor, apareció
el terror.
Ricardo Baviera
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