Pensaba en los Beatles. En sostener tu
mano. En bailar, sin ser expertos. En caer en el ridículo feliz,
compartido, en una atmósfera que sólo nos pertenece a ambos y que
la gente que pasa a nuestro lado no percibe. Es como la humedad en
los tendones desgastados de mi mano izquierda: no sé muy bien cómo,
pero sé que va a llover. Y son pocos los que notan este cambio sutil
en el clima.
Pero esta noche los dos lo sabemos.
Buscamos cualquier excusa que el ritmo nos presente para acercarnos,
para disfrutar por unos segundos, del encuentro de piel. Efímero, ya
que rápidamente emprendemos la retirada. Nos cuesta exponernos, nos
cuesta poder dar sin conocernos. Y nos atemoriza perdernos.
Y es aquí donde radica el verdadero
ridículo. Todo está dicho, pero la falta de una certeza rotunda nos
lleva a retroceder. Porque me importás. Porque sé que te importo.
Porque no nos vemos únicamente como un buen momento en esta noche
aislada, fría.
Puedo atravesar tus ojos con la magia
que pocas veces sucede. Y sólo puede suceder porque esta noche mis
ojos están abiertos. Un velo indescriptible se disuelve, y de a
poco, se transparenta. Junto a vos entra por ellos, también, un
torrente de luz cegador. Me fuerza a entrecerrarlos. Me cuesta verte.
Me cuesta verte y no quererte.
Y ahora tus ojos deambulan a una
velocidad inaudita por mi rostro, recorriendo imperfecciones,
deteniéndose por momentos en mi boca, que relata un cuento
entretenido pero banal dado el tenor del momento.
La música se apaga. Las luces se
prenden, y vuelvo a la oscuridad. La atmósfera se disipa. Nos
despedimos con duda y afecto.
Volvés con tus amigas. A lo lejos veo
a las mías, pero no me acerco a ellas. Vagabundeo a paso retardado
entre las parejas que se besan y los borrachos que llenan el silencio
con estribillos de una cumbia, antigua para los más jóvenes. Apela
al riesgo: “prefiero amarte y después perderte”.
Te veo salir por la puerta, abrigada,
decidida a afrontar la mañana. Las palabras de un gran amigo llegan
como un eco del pasado: si hay duda, no hay duda.
Ricardo Baviera
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