viernes, 25 de abril de 2014

Si hay duda

     Pensaba en los Beatles. En sostener tu mano. En bailar, sin ser expertos. En caer en el ridículo feliz, compartido, en una atmósfera que sólo nos pertenece a ambos y que la gente que pasa a nuestro lado no percibe. Es como la humedad en los tendones desgastados de mi mano izquierda: no sé muy bien cómo, pero sé que va a llover. Y son pocos los que notan este cambio sutil en el clima.
     Pero esta noche los dos lo sabemos. Buscamos cualquier excusa que el ritmo nos presente para acercarnos, para disfrutar por unos segundos, del encuentro de piel. Efímero, ya que rápidamente emprendemos la retirada. Nos cuesta exponernos, nos cuesta poder dar sin conocernos. Y nos atemoriza perdernos.
     Y es aquí donde radica el verdadero ridículo. Todo está dicho, pero la falta de una certeza rotunda nos lleva a retroceder. Porque me importás. Porque sé que te importo. Porque no nos vemos únicamente como un buen momento en esta noche aislada, fría.
     Puedo atravesar tus ojos con la magia que pocas veces sucede. Y sólo puede suceder porque esta noche mis ojos están abiertos. Un velo indescriptible se disuelve, y de a poco, se transparenta. Junto a vos entra por ellos, también, un torrente de luz cegador. Me fuerza a entrecerrarlos. Me cuesta verte. Me cuesta verte y no quererte.
     Y ahora tus ojos deambulan a una velocidad inaudita por mi rostro, recorriendo imperfecciones, deteniéndose por momentos en mi boca, que relata un cuento entretenido pero banal dado el tenor del momento.
     La música se apaga. Las luces se prenden, y vuelvo a la oscuridad. La atmósfera se disipa. Nos despedimos con duda y afecto.
     Volvés con tus amigas. A lo lejos veo a las mías, pero no me acerco a ellas. Vagabundeo a paso retardado entre las parejas que se besan y los borrachos que llenan el silencio con estribillos de una cumbia, antigua para los más jóvenes. Apela al riesgo: “prefiero amarte y después perderte”.
     Te veo salir por la puerta, abrigada, decidida a afrontar la mañana. Las palabras de un gran amigo llegan como un eco del pasado: si hay duda, no hay duda.


Ricardo Baviera

No hay comentarios:

Publicar un comentario